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El Desierto de Moises

01 Mar 2009 Publicado por en Predicaciones, Videos | Comentarios


Exodo 3:1


1Y Moisés apacentaba el rebaño de Jetro su suegro, sacerdote de Madián; y condujo el rebaño hacia el lado occidental del desierto, y llegó a Horeb, el monte de Dios.

En esta predicación hablaremos del desierto de Moisés. Los desiertos tienen una función muy importante para nuestras vidas.

Al leer la Biblia encontramos como algunos personajes han sido llevados a desiertos; y al escudriñar las escrituras aprendemos como esas circunstancias les llevó a esos hombres a depender y conocer el propósito que Dios tenía para ellos.

Dios quiere conducirnos a un desierto, Dios quiere que entremos ahí. Dios sabe que es necesario, para asi nosotros despojarnos de todo aquello que obstruye el recibir de su bendición.

Moisés tuvo que esperar muchos años.

Moisés era un hombre preparado, una persona con mucha sabiduria egipcia. El, como todos sabemos fué criado por Faraón y enseñado en todo. Pero cuando Moisés se encuentra en el desierto, él comienza a aprender de Dios; y se da cuenta que no puede ni siquiera hablar.

El desierto enseño a Moisés a pastorear, pero tambien recibió la visión celestial y la confirmación de su ministerio. Dios le enseña a Moisés humildad, la misma humildad del Señor Jesús, quién pudo ceñirse una toalla para lavar los pies de sus discípulos. El mensaje de la zarza ardiente nos habla de la importancia del fruto del Espíritu y no de las apariencias y por sobre todas las cosas no confiar en nuestros talentos y habilidades, sino en el poder y la unción del Espíritu de Dios.

El desierto cambia la mentalidad, y es necesario que cambiemos para que podamos recibir la bendición de Dios. En el desierto, Dios nos otorga el poder espiritual para hacer milagros y maravillas. Los desiertos nos preparan para poder comunicar el mensaje de Dios con efectividad.

Exodo 3: 11 Es el ejemplo de la obra de renovación y transformación en nuestras vidas, Dios transformó a Moisés, asi también nos transformará a nosotros. Dios se toma su tiempo para hacer sus obras grandes y maravillosas. Dios nunca olvida sus promesas, y puede en todo tiempo hacer su voluntad. Tenemos que saber que aquel que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.

Moisés en el desierto fué liberado de su mente egipcia.
Moisés en el desierto vió el llamamiento de Dios y obtuvo la autoridad de Dios.

Digamosle al Señor…

Señor, el desierto es una bendición; porque ahí me cambias mi mentalidad, y me prepares para servirte como tú quieres que te sirva.

Los desiertos no son para destruirnos, ni para que nos quedemos postrados ahi en el desierto; sino para prepararnos, para que tengamos una mente como la que Dios quiere para llamarnos, para que veamos al angel, para darnos autoridad.

Los desiertos no nos destruirán; sencillamente nos cambiarán nuestra mentalidad.


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